Por mi parte, creo con firmeza que dirigir la atención del adolescente sobre el 'cuidado de sí' o 'la salud del alma' debe vincularse a la reflexión de Ortega y Gasset acerca de la incongruencia que representaría entender el filosofar y el vivir como dos hechos aislados o sucesivos (¿primero filosofar y después vivir?). La simultaneidad del desafío, de la búsqueda de intensidades vitales y la experimentación con el ejercicio de la prudencia como virtud para la vida práctica, constituye una armonía que, pienso, es vital ofrecer al adolescente a través de nuestros procesos de enseñanza.
Quizá esa simultaneidad no deba entenderse desde la noción de 'armonía'. En cambio, entenderla como una simultaneidad conflictiva podría constituirse en una propuesta más acertada a las edades de las personas con quienes compartimos (en el caso escolar, especialmente niños, niñas y adolescentes) y más cercana a la realidad.

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