La inquietud estética en un presente difícil

Por Harold S. Pascagaza
Fotografía propia
Incendio en los cerros

 "No hay utopía verdadera fuera de la tensión entre la denuncia de un presente que se hace cada vez más intolerable y el anuncio de un futuro por crear, por construir política, estética y éticamente entre todos, mujeres y hombres" P. Freire


Así rápido, una reflexión surgida en el marco de un escenario lindo de enseñanza de la filosofía:

Buscando reconocer algunas discusiones estéticas en el mundo hispanohablante, encontré la noción "habitud humana" en un artículo de Miguel Cruz Hernández (U. de Salamanca), formalizada por Xavier Zubiri, reconocido maestro español quien, en la letra del jesuita mexicano fallecido el año pasado David Velasco Yáñez, la entiende como "el abstracto del 'habérselas con las cosas'. No es hábito ni costumbre, sino enfrentamiento". David la distingue por nivel de profundidad del habitus de Bourdieu (habitud: "categoría metafísica radical del ser vivo"), aunque reconoce que refieren a una misma realidad. Habitud o el modo de habérselas con las cosas, no es la forma internalizada de proceder ante el mundo; en cambio, parece referir a un proceso más dinámico y amplio de la acción, pues, excede la costumbre en la conducta y puede exigir 'creación' de modos de enfrentar la realidad, según entiendo.

Esta noción parece apuntar a un fenómeno preocupante si lo traemos a propósito de la situación ambiental de la crisis climática que tiene cerros y páramos incendiados: desde la estética de la naturaleza, tal como podría pensarse desde el habitus bourdieano, en contextos de fenómenos naturales que impactan la vida humana, las prácticas de los actores (nosotrxs, la mayoría espectadora) presentan repeticiones en la forma de proceder emocional y conductualmente (angustia, impotencia, consumo de información regular en los medios de comunicación comunes, consideraciones religiosas o relatos acerca de la venganza de la naturaleza). El cómo vemos, apreciamos y sentimos esta tragedia ambiental (ya es algo que nos represente una tragedia, aunque no supera por ahí el derrotismo) es revelador de la racionalidad que impregna nuestra comprensión de la naturaleza (no se trata de un análisis del discurso), asunto ya denunciado por comunidades académicas y, especialmente, no académicas: ¿los cerros nos preocupan sólo en la medida en que las imágenes de su destrucción irrumpen nuestra cotidianidad?

'Habitud', siguiendo la intuición, parece interpelar nuestra capacidad vital de 'habérnosla' con esta realidad, por encima y "con mayor hondura", al decir de Velasco. ¿Cómo? En esta década casi por mitad, es seguro que dejar de lado el asunto de la estética es camino abierto al capital: la disputa por la estética implica un compromiso político y, más aún, de rigor ontológico, muy al entenderla no como estudio de lo bello (que aún deja inquietudes abiertas en clave de su utilidad para fundamentar la acción ecológica), sino al modo de comprenderla sugerido por Dussel en Estética y Ser, como una filosofía de la sensibilidad sobre el mundo y el sentido mismo de ese mundo, el nuestro, aquí cerquita, quemándose.

En lo que a mí respecta, ese interrogante "entonces, ¿cómo?", a la luz de la reflexión rápida realizada, tiene respuesta cuando dialoga con la pedagogía, abiertamente politizada, y la práctica educativa, pues, "habitud humana como inteligencia sentiente" (X. Zubiri) y saber/quehacer pedagógico, son juntas fuerzas creativas de la voluntad ante el desconcierto y las perplejidades de nuestra realidad (para seguir aquí un poco a Savater). La formación geográfica, ambiental y ecológica son deberes de quien se decide educador/educadora.

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